En 1937, una España dividida en dos sufría los efectos de un conflicto civil que se preveía largo y cruel. Muchos niños padecieron la separación de sus familias y la muerte de sus seres queridos; otros muchos tuvieron que huir. Alrededor de 30.000 niños protagonizaron el primer exilio del pueblo español. El presidente del Cabildo grancanario, José Miguel Pérez, presenta el día 29 de enero, a las 20.30 horas, en el Gabinete Literario, el libro Palabras huérfanas, los niños de la guerra, un volumen de la profesora Verónica Sierra, que recoge el emocionante testimonio de las víctimas más inocentes y desamparadas de la Guerra Civil Española. El acto contará con la presencia de la propia autora, de Raquel Thiercelin, una de las protagonistas del libro publicado por la Editorial Taurus, así como de Pilar Domínguez Prats, profesora de Historia, Pensamiento Político y Movimientos Sociales de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
El acto impulsado por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de la Isla, dentro de su Plan de Fomento de la Lectura Leer es Vital, está organizado a modo de clausura de la muestra que se ha venido exhibiendo en el Gabinete Literario, 20 libros, 20 noviembre, 20 aniversario, una exposición impulsada el pasado año con ocasión del Año Internacional del Niño y de la que formaba parte Sierra, que conmemoraba las dos décadas de existencia de la Convención sobre los Derechos del Niño.
El libro de Verónica Sierra (Guadalajara, 1978) reconstruye, setenta años después, la historia de aquellos niños, de los que se quedaron y, especialmente, de los que tuvieron que dejarlo todo para poder sobrevivir y nunca volvieron. Y lo hace a partir de los documentos —cartas, diarios, cuadernos, redacciones y dibujos— que éstos, con sus letras temblorosas e inexpertas, escribieron entonces. Testimonios impresionantes de aquel tiempo convulso en los que ha quedado huella de una historia de encuentros y desencuentros, de pasiones y represiones, de esperanzas y sufrimientos, en la que, por encima del bien y del mal y de las diferencias ideológicas de los dos bandos contendientes, reposa la memoria de unos niños que lo único que quisieron fue vivir en paz y recuperar aquella infancia que la guerra les robó.
A juicio de la autora del libro Palabras huérfanas, los niños de la guerra, “los niños han sido los principales olvidados por la historiografía, ya que se conservan pocos rastros escritos de ellos: rara vez escribieron testimonios propios o, si lo hicieron, no se consideró importante conservar esos escritos. Sin embargo cada vez hay más voces que reclaman la voz de los niños en el discurso de la historia”. Éste es el principal propósito de su obra: rescatar las huellas escritas de la infancia durante la Guerra Civil española, dotarlas de la importancia y validez que tienen para la reconstrucción histórica y entender a través de ellas cuál fue la percepción que tuvo el mundo infantil frente al conflicto bélico y sus consecuencias.
La autora ha llevado a cabo un magnífico trabajo documental de recuperación, clasificación y estudio de estos testimonios, en su mayoría cartas que los pequeños exiliados enviaron a sus seres queridos. Una amplia selección de estas cartas se reproduce en Palabras huérfanas (de forma corregida, obviando las faltas de ortografía y gramaticales propias de niños en fase de aprendizaje), y gracias a éstas se puede trazar un panorama emocional de la experiencia de la guerra y el exilio en estos niños.
Además de estos valiosos testimonios epistolares, en esta obra se rescatan y reproducen otros documentos producidos por niños (en España y en el extranjero) durante la guerra, que permiten reconstruir el mundo infantil ante el conflicto: cuadernos y redacciones escolares, diarios, dibujos, postales, periódicos murales, etcétera. Palabras huérfanas recoge también una gran cantidad de información gráfica: fotografías, carteles, documentos oficiales, dibujos infantiles y, sobre todo, reproducciones digitales de las cartas, para aquellos que estén interesados en conocer su estado original y ver directamente la caligrafía y la forma de escritura de sus autores. Son, en total, 139 imágenes, debidamente detalladas y documentadas, que enriquecen enormemente la información aportada en el libro y que demuestran el enorme y valioso trabajo de investigación y análisis documental que es Palabras huérfanas.
La infancia española de 1936 tardó muy poco en percibir los efectos de la Guerra Civil. Naturalmente, el conflicto no afectó igual a todos los niños, ya que eso dependió de la edad, el sexo, las circunstancias familiares, la cercanía a los frentes, la muerte de familiares, el bando de los padres, la permanencia junto a la familia, la evacuación a países extranjeros, etcétera. Pero en general, todos vivieron de cerca las desastrosas consecuencias de un enfrentamiento como aquél. La mortalidad infantil, naturalmente, se disparó: en torno a 400.000 niños murieron entre 1936 y 1939. Muchos otros sufrieron accidentes y lesiones que los marcaron de por vida. Otro tipo de consecuencia igualmente importante es la de tipo psicológico: tanto la violencia física como la repercusión de la guerra en los lazos familiares y afectivos generaron unos traumas que acompañaron largo tiempo a estos niños (o a veces para siempre) y les hicieron madurar de forma precoz.
UN MUNDO DE CARTAS
El análisis de las cartas conservadas de los niños exiliados permite ver una serie de características comunes en la cultura epistolar que forjó la distancia. Respecto a la autoría, se ve una clara tendencia a que los hermanos mayores redactasen las cartas, a que las cartas se escribiesen a varias manos y a que los niños más pequeños fuesen auxiliados por cuidadores. También es perceptible la facilitación de datos para que los niños detallasen su estancia, ya que muchos de ellos los repiten con llamativa exactitud en diversas cartas. Incluso en algunos casos se aprecia el recurso a un modelo epistolar facilitado por los cuidadores. Naturalmente, la espontaneidad y la frescura infantil es la nota dominante, pero determinados fragmentos y alusiones evidencian la fuerte ideologización que vivieron los niños. La cultura epistolar creó, por otra parte, una dinámica de lectura compartida (ya que era la única fuente de información posible), de modo que niños y familiares formaban una comunidad de lectores (y de escritores), en la que se transformó lo que por esencia es un espacio privado e íntimo a otro más amplio, que incluía a los integrantes de círculos familiares y vecinales.
El mundo epistolar de los niños evacuados no se limitó al ámbito familiar. En el modelo educativo de principios del siglo XX, la correspondencia adquirió un estatuto de privilegio, por lo que era uno de los ejercicios de escritura más practicados en las escuelas. De ahí que se fomentase la escritura de correspondencia entre diversas escuelas y casas de acogida, tanto entre las españolas como entre las que se hallaban en el extranjero. En estas cartas, además de cultivar la escritura como forma de comunicación social, se aprecia una clara intención propagandística y de adoctrinamiento ideológico. Otros destinatarios de estas cartas escolares colectivas fueron los soldados en el frente, así como personalidades (españolas y rusas) del mundo intelectual, artístico, político y militar, que visitaron a los evacuados en sus hogares y entablaron con ellos relación epistolar. Y también a autoridades, instituciones y organismos (españoles o internacionales), con peticiones de diverso tipo.
Verónica Sierra ha centrado sus principales trabajos en el estudio de las prácticas sociales de la escritura y la lectura en España sobre todo entre la II República, la Guerra Civil y el primer franquismo. Ha trabajado como documentalista y como técnico editorial. Es Doctora en Historia y profesora de Historia de la escritura y de la lectura en la Universidad de Alcalá, donde coordina el Seminario Interdisciplinar de Estudios sobre Cultura Escrita (SIECE), la Red de Archivos e Investigadores de la Escritura Popular (RedAIEP) y la revista internacional Cultura Escrita & Sociedad, es autora de Aprender a escribir cartas. Los manuales epistolares en la Época Contemporánea (1927-1945) (2003), así como de diversas contribuciones sobre la escritura personal y popular contemporáneas.















