DIsfruten de Jesús Arencibia

La muestra, que permanecerá abierta hasta el 21 de diciembre, permitirá al público conocer 40 de las 86 obras que constituyen “Colón y los olvidados” (serie de pinturas que el artista acometió poco antes de su muerte) y disfrutar, a través de visitas guiadas, de los grandes murales que pintó para el Salón de Plenos del Cabildo grancanario, contando para ello con las explicaciones de técnicos especialistas.

Realizada con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América, la serie que constituye el grueso de la exposición está formada por retratos imaginarios de aquellos que hicieron posible la gesta colombina (desde el más bajo del escalafón, al propio almirante). Para el artista, todos fueron los olvidados (de ahí el nombre de la serie), pese a haber hecho posible uno de los viajes más importantes en la historia de la humanidad. Personajes cotidianos, amigos y su propia mirada le sirvieron para poner cara a seres anónimos que, acompañando a Colón en 1492, expandieron las fronteras del mundo conocido.

“Colón y los olvidados” fue donada por el propio Arencibia a la Casa de Colón, centro dependiente de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo grancanario que, hoy en día, y bajo la dirección de Larry Álvarez, la ha incluido en el circuito “Gran Canaria en vivo”, con la que varias muestras recorren la isla de forma itinerante. Se da la circunstancia de que, a raíz de su ejecución, Arencibia ingresó, en 1992, en la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel.

La muestra se complementa con la excelente posibilidad de contemplar las obras con las que el de Tamareceite decoró algunos espacios del propio Cabildo, como su Salón de Sesiones, en el que en 1954 pintó un vistoso políptico de tema marinero, una gran alegoría que representa, por una lado, “Los frutos del mar” (a la derecha) y, por otro, “Las tragedias del mar” (a la izquierda).

Para elaborarlos, primero tuvo que trabajar en la ermita de Tamaraceite, donde gestó esta obra caracterizada por su dramatismo y el temple heroico de los personajes representados, así como por la influencia de los murales de Néstor y Aguiar. Concluidos los diseños, los trasladó enrollados a la sede del Cabildo donde los pegó con cola de origen vegetal. Los pronunciados escorzos de los cuerpos pintados por el artista, otorgan a la composición una suerte de movimiento que siempre caracterizó, según los entendidos, la producción muralista de Arencibia, de la que también destacan por el ritmo armonioso y su rica vitalidad escenográfica.

VISITAS GUIADAS. Con motivo de esta muestra conmemorativa, el Cabildo grancanario ha impulsado un programa de visitas guiadas para público general y escolares de Educación Primaria, ESO y Bachillerato (para el público general, tendrán lugar, de lunes a viernes, en dos turnos de 30 plazas: de 18.00 a 19.00 y de 19.00 a 20.00 horas). La actividad es gratuita, previa inscripción en la Oficina de Información y Atención al Ciudadano, ubicada en la propia sede cabildicia (calle Pérez Galdós, s/nº).

Las visitas escolares se producirán, de lunes a viernes, también en dos turnos (de 10.00 a 11.00 y de 12.00 a 13.00 horas). En este caso, las inscripciones deberán realizarse a través del Departamento de Educación y Acción Cultural de la Casa de Colón, o en la dirección correo electrónico deaccolon@grancanaria.com

ARENCIBIA, EL ÚLTIMO GRAN MURALISTA. En su hogar-estudio de Tamaraceite, el pintor elaboró la gran mayoría de su rica producción plástica, aunque su fructífera y nutrida obra mural, la más variada, monumental y extensa creada en Canarias por un solo artista, está plasmada en centenares de metros cuadrados de infinidad de espacios, desde organismos públicos a residencias particulares, pasando por diversas ermitas, parroquias e iglesias de Gran Canaria. Junto con Aguiar y Néstor, Arencibia formó parte del gran trío de muralistas canarios. Pasó más de 20 años pintando murales, desde el fresco del baptisterio de la Iglesia de San Juan de Telde (1948), hasta su último encargo concluido, en la Iglesia de San Antonio de Tamarecite (1971).

Jesús Arencibia nace en 1911 en la localidad grancanaria de Tamaraceite, en el seno de una familia acomodada que favoreció sus inquietudes artísticas. Su primera obra con una cierta solidez plástica se remonta a principios de 1930, cuando ingresa en la Escuela de Artes Decorativas Luján Pérez. En sus inicios, incluye en su pintura el mundo impresionista de Nicolás Massieu y Matos, lo cual no pasa desapercibido en sus paisajes de Tamaraceite. En ellos, la luz es atrapada con pinceladas cortas y matéricas, desdibujadas en aras de una fusión de conjunto. Se perciben las formas del lenguaje impresionista en la carga del color que hace desvanecer el dibujo, el detalle se pierde en favor de la emoción, la percepción del instante.

Su búsqueda de un lenguaje propio habrá que vincularla a otros artistas del momento, como Felo Monzón o Plácido Fleitas, y a sus acuarelas de 1933, pobladas de personajes rurales, entre los que destacan sus mujeres con mantilla. Se trata de actores inermes, de rasgos pronunciados y representación esquemática, sobre fondos apenas insinuados de paisajes inexistentes. Los personajes se muestran hieráticos e inexpresivos en un entorno que denota hostilidad, con un sabor agridulce acentuado por encuadres forzados que cercenan los primeros planos.

En 1937 entra en el Ejército y es destinado a la Península, un punto de inflexión en su incipiente obra, dado que le permite entrar en contacto con las pinturas de Zurbarán y el Barroco extremeño, que le impresionarán profundamente.

En 1941 recibe una beca del Cabildo de Gran Canaria para cursar estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En este período, se acerca a la pintura mural y al fresco, técnica a la que quedará vinculado en más de una docena de proyectos, como la decoración del Salón de Sesiones del Cabildo de Gran Canaria, el Hotel Fataga y numerosas iglesias, entre ellas la de su localidad, Tamaraceite.

De la década de 1950 hasta su fallecimiento, en 1993, Arencibia continúa su evolución plástica. En los inicios de esa etapa, su dibujo es sólido, con colores planos que prefiguran personajes estilizados en forzadas posturas. Posteriormente, hacia la década de 1970, su obra queda marcada por el color, no tanto por la variedad cromática como por el uso del mismo como vehículo expresivo. Su paleta se torna dura, triste, inundada por los colores violáceos, los azules aplomados de gris, los pardos, tierras y negros. Su pincelada se amplía y contrasta, vaciándose de materia y dejando a veces el lienzo descarnado. Todo ello confiere a estas obras un acentuado tono dramático nada complaciente, como podemos comprobar en su última gran serie, ‘Colón y los olvidados’.

El cineasta Pedro Siemens realizó varios años antes de su muerte una interesante película, donde Jesús Arencibia narra episodios de su vida y sus ideas sobre el arte.

Entre los reconocimientos más importantes que obtuvo está la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio; fue nombrado Hijo Predilecto de Gran Canaria, Hijo Predilecto de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria (1994), y miembro de la Real Academia de Bellas Artes San Miguel Arcángel. Falleció el 9 de febrero de 1993 sin recibir el Premio Canarias, aunque fue nominado en varias ocasiones.


Comparte este artículo